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 Pura Anarquía, Woody Allen


Visualicemos que nos encontramos sentados en un carrito de una montaña rusa que está a punto de empezar. El carrito avanza y va lento como creando expectativa. Vamos avanzando y estamos un tanto decepcionados de la falta de acción, pues imaginábamos un tren bala desde el inicio. Pero ni siquiera hemos terminado de pensar eso cuando viene el arranque de velocidad que nos hace subir y bajar con gran rapidez y entramos a esa parte de los rieles circulares de la montaña rusa. Reímos y gritamos. Pasa que nos mareamos, sentimos que vamos a caer, nos estabilizamos y volvemos a dar vueltas. Luego seguimos a una misma velocidad, bajamos nuevamente, subimos una última vez y de la nada terminó el recorrido. Esa podría ser la descripción perfecta de cómo nos lleva Woody Allen a través de su más reciente libro, Pura Anarquía.

Si, se lo que están pensando ¿Qué acaso él no es director de cine? Efectivamente, es uno de los directores estadounidenses más reconocidos a nivel mundial teniendo en su haber una película por año desde 1969 y cinco premios Oscar en alguna librera de una mansión por ahí. Guionista, director, actor, humorista, músico y ¿también escritor? El beneficio de la duda lo tiene, pues sus películas son demasiado buenas como para no darle la oportunidad como escritor. Seguro que la literatura humorística le viene como anillo al dedo. Su mejor atributo siempre ha sido: el humor.

Esta es una recopilación de historias cortas que bañan la atmósfera de sarcasmo y humor negro por todos lados. Anécdotas que van desde un novelista en potencia, buscando que se le abra esa puerta para convertirse en famoso, cuando le ofrecen la oportunidad de su vida que es hacer la novelización de una de las películas de los tres chiflados. Quizás se tuerzan de la risa con la historia del juicio del siglo, una demanda contra Disney donde el testigo principal resulta ser Mickey Mouse. O tal vez un par de plumazos de Allen en cuanto a su descubrimiento literario: “Así comió Zaratustra…”, la dieta perfecta para aquellos hambrientos de literatura poco común. 

No les voy a mentir tampoco es que esta sea una lectura densa y filosófica, pero en una escala del uno al diez le daría un siete a este libro. Literalmente puedes sentir que estas sentado con Woody Allen, hablándote de frente con esa manera tan peculiar de expresarse: rápida, elocuente y sin parar.

Recomendaciones para este libro: dejar volar la imaginación y tener un sentido del humor bastante abierto. Si lo que buscan es relajarse y divertirse un buen rato, definitivamente esta es una buena opción.

La gran duda de la filosofía sigue sin solución: si la vida no tiene sentido, ¿qué hacer con la sopa de letras? 




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